sábado, 14 de enero de 2012

Manuela


Un molesto pitido hizo desbarajustes en la situación y todos recobraron el habla, prácticamente peleándose por abandonar el lugar y darle la bienvenida al cumpleañero a quien le habían tendido una fiesta sorpresa.
El timbre dejó de sonar una vez que la horda de invitados dio con la puerta, dejando atrás a las dos fieras que parecían querer cortarse mutuamente la yugular.
-Podrías haberte ahorrado el comentario- le espetó, sirviéndose más whiskey. No dejó de escrutarla con sus orbes grises en ningún momento y, más allá de tener una fría máscara cubriendo sus verdaderas facciones, pudo notar que entablar una conversación con ella era un plan que no deseaba llevar a cabo. Por lo menos, no a solas.
-¿Para qué negar la verdad?- inquirió, procurando guardar una distancia considerable que la separase de él. –Si la única buena mano que te dio el azar es la que te acompaña todas las noches.